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Educación hacia el Primer Mundo
La fuerte inversión educacional es lo que nos diferencia con las potencias mundiales. Si analizamos a países como Japón, no daremos cuenta de que su cosmovisión, incide directamente en la continuidad de los escolares en secundaria y luego en la universidad. Si bien, sólo es obligatoria la educación básica, los nipones junto con invertir grandes cantidades de dinero en mejoras educacionales, se preocupan de desarrollar valores, actitudes y carácter desde temprana edad, para que los alumnos no se vean sobrepasados por las altas exigencias del sistema educacional. Es por esto que los estudiantes son altamente competitivos y cada año escalan posiciones en los rankings mundiales de educación.
Países como Japón, apuestan por la educación, ya que aseguran que mientras más preparado sea un profesional, va a gastar más en el uso de tecnologías, por tanto se convertiría en un alza de consumo y por tanto de ingresos estatales. A su vez, mientras más se preparen los estudiantes, mejores puestos podrán conseguir, en donde consiguen grandes beneficios, a cambio de arduo trabajo. Es así como nacieron los denominados 7/11, ejecutivos que trabajan siete días a la semana, once horas diarias, aumentando la productividad en niveles exorbitantes.
En Chile en cambio, la inversión en la educación pública y la calidad de ésta es deplorable. Muchos de los Liceos Técnicos, que reciben ayudas estatales en cuanto a insumos tecnológicos, esperan años antes de lograr ver algunos de los beneficios prometidos. Además la calidad de los profesores y el estímulo casi nulo a la motivación juvenil, lleva a una gran deserción estudiantil, que en el último año presenta un aumento entre el 0,6% y el 1,7%. Muchos estudiantes, se transforman de este modo, en trabajadores infantiles y muchos otros en delincuentes, lo que provoca que el crecimiento económico se vea estancado y en los peores casos disminuido, frente a las altas tasas de violencia y delincuencia, junto con el aumento de población con estudios incompletos y que por tanto sólo pueden acceder a trabajos de baja remuneración.
En conclusión, para que el país pueda crecer económicamente, el estado debe darse cuenta que la inversión en educación, es lo que diferencias potencias de países tercermundistas como el nuestro. La educación elitista sólo sectoriza y termina por estigmatizar y dañar a la población de escasos recursos, ya que nunca logran niveles comparables a los alcanzados por entidades privadas. Es por esto que el progreso va de la mano de la educación, ya que de este modo se logra cada vez más personal calificado, permitiendo a la población alcanzar mejores puestos y salarios, aumentando su nivel de vida y por tanto de consumo e inversión, provocando un crecimiento económico a nivel nacional. Con la educación al final todos ganan.
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